
El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth) es una condición en la que existe un exceso anormal de bacterias en el intestino delgado. Esto puede provocar síntomas digestivos como hinchazón, gases, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento, además de mala absorción de nutrientes.
Una de las estrategias nutricionales más utilizadas para aliviar los síntomas del SIBO es la dieta baja en FODMAP. Los FODMAP son un grupo de carbohidratos de cadena corta que se fermentan fácilmente en el intestino por las bacterias, lo que puede aumentar la producción de gas y empeorar los síntomas.
La dieta baja en FODMAP consiste en reducir temporalmente alimentos ricos en estos compuestos, como ciertos lácteos (ricos en lactosa), frutas como manzana o pera, verduras como ajo y cebolla, legumbres y algunos cereales. En su lugar, se priorizan alimentos más fáciles de digerir, como arroz, carnes, pescado, huevos, algunas frutas (como plátano o fresas) y verduras bajas en FODMAP (como calabacín o zanahoria).
Este enfoque no suele ser permanente, sino que se realiza en fases: primero una eliminación estricta, seguida de una reintroducción progresiva para identificar qué alimentos desencadenan síntomas en cada persona. Es importante destacar que la dieta debe ser supervisada por un profesional de la salud, ya que una restricción prolongada puede afectar la microbiota intestinal y provocar déficits nutricionales.
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